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Un regalo de la naturaleza

El Alumbre es un elemento que ha estado presente en la naturaleza desde sus inicios. Es una sal mineral que se cristaliza a manera de roca, compuesta generalmente por un sulfato de Aluminio y un sulfato de otro metal como el Potasio, el Amonio, el Hierro, el Sodio, el Cromo, entre otros. Sin embargo, hay casos, como el de la Jarosita, en los que el primer sulfato es de un metal diferente al Aluminio, pero aun así, presenta las propiedades de un cristal de Alumbre común, que sí tiene un sulfato de Aluminio como parte de su composición. Como vemos, la composición química de esta sal mineral tiene muchas variantes, y eso ha hecho que existan diferentes clases de piedra de Alumbre. Por esta razón, también se ha utilizado el nombre genérico “los alumbres” para referirse a este conjunto de piedras minerales que, pese a sus diferencias en términos de composición química, apariencia, color y textura, poseen una serie de propiedades muy valiosas en común.

Las piedras de Alumbre se hallan de manera natural en yacimientos situados en diferentes lugares de nuestro planeta. También se forman en yacimientos de hulla y lignito, como consecuencia de procesos químicos naturales que facilitan la producción de este tipo de compuestos y su cristalización. Fuera de los yacimientos, las piedras o cristales de Alumbre también nacen y se producen en rocas magmáticas de origen volcánico, como la Traquita Alunífera, por mencionar algún caso o, en rocas sedimentarias que se encuentran dispersas en el suelo y la corteza terrestre, como la Bauxita, entre muchas otras.

La composición química de las piedras de Alumbre, que da lugar a cada clase de Alumbre, depende del tipo de suelo y de las condiciones geológicas específicas de la zona geográfica en la que se encuentren.

Con la existencia del Alumbre o “los alumbres”, la naturaleza le ha regalado al ser humano un elemento muy valioso que, por su composición química, cuenta con propiedades astringentes, cicatrizantes, antibacteriales, antisépticas, desodorantes, reafirmantes, hemostáticas y antimicóticas, con la garantía de no ser perjudicial para la salud ni para el medio ambiente.

El ser humano y la piedra de alumbre

En su contacto permanente con la naturaleza, el ser humano tuvo que descubrir en algún momento la existencia de estas sales minerales con propiedades similares, que con el tiempo se fueron categorizando en un mismo conjunto llamado “Alumbre”.
Es difícil determinar en dónde y en qué momento específico de la Historia (¿o de la Prehistoria?) se descubrió la existencia de este compuesto natural de carácter mineral. Lo que sí se ha llegado a saber, es que en las grandes civilizaciones antiguas como la china, la egipcia, la romana, la india, la griega y la árabe, las bondades del denominado Alumbre fueron reconocidas y su uso para diferentes fines era común y popular.

Los romanos, por ejemplo, lo usaron por sus propiedades cicatrizantes, antibacteriales y desodorantes. El uso popular que confirmaba la eficacia de estas bondades, los llevó incluso a introducir su uso en prácticas con efectos médicos. Entre los años 77 y 79 A.C., el autor, naturalista y filósofo romano Gaius Plinii Secundi (Cayo Plinio Segundo) dejó registradas las características y propiedades del Alumbre en un estudio riguroso sobre diversas áreas de la naturaleza, escrito a manera de enciclopedia, llamado Naturalis Historia.

En la antigua Grecia, alrededor del año 50 o 70 A.C, también se produjo documentación sobre este mineral, en la obra enciclopédica De Materia Medica, escrita por el físico, farmacólogo y botánico Pedanius Dioscórides.

En India y China lo han utilizado desde la Antigüedad para responder a necesidades orgánicas a nivel externo e interno. En estas dos culturas han usado comúnmente la piedra de Alumbre en solución para hacer gárgaras y baños vaginales con fines antisépticos.

En Oriente Medio el Alumbre ha sido muy conocido y utilizado, dado que en Siria se han encontrado numerosos yacimientos de este mineral. La piedra de Alumbre ha hecho parte activa de los rituales ancestrales de belleza en la cultura árabe por sus propiedades reafirmantes y astringentes. Las mujeres pasaban la piedra humedecida por distintas áreas del cuerpo para mantener tonificada y firme la piel. También la utilizaban diluida en agua para baños vaginales, con el fin de darle a la piel de la vagina mayor firmeza y producir así una sensación de estrechez en esta zona, que pudiera hacer creer a los esposos en la noche de bodas que ellas eran vírgenes.

En el antiguo Egipto, las mujeres también usaban el Alumbre como reafirmante de la piel y como calmante y cicatrizante después de la depilación.

Edad Media

El conocimiento ancestral antes mencionado, también debió incluir otra serie de descubrimientos sobre las propiedades de las piedras de Alumbre y, en esta medida, otros usos fuera de los cosméticos y farmacológicos, que se fueron dando a conocer con el paso de los años en otros países y culturas.
En Europa, por ejemplo, entrando a la llamada Edad Media, ya eran conocidas muchas bondades de las piedras de Alumbre y eran utilizadas con frecuencia para curtir el cuero, en técnicas de pintura, pero sobre todo para fijar los colores de los tejidos.

Su uso era común pero limitado, ya que los yacimientos de estas piedras de Alumbre no eran comunes, por lo cual eran muy apetecidos y se convertían en fuente de poder para quien los descubriera y monopolizara. En 1445, por ejemplo, las minas de Bizancio, una de las más reconocidas en la época, fue tomada por los turcos. Esto hizo que las piedras de Alumbre se encarecieran y empezaran a buscarse nuevos yacimientos a lo largo de Europa.

El uso que por esa época hizo apetecible la explotación de las piedras de Alumbre, fue su capacidad para fijar los colores en los tejidos. Fue para este fin que, el Papa emprendió la búsqueda de otros yacimientos en diferentes territorios de Europa, llegando a la región de Lazio en Italia, donde encontró en Tolfa, yacimientos que contenían una variedad de Alumbre llamada “Jarosita”. Inicialmente, el Papa desarrolló esta misión ayudado únicamente de su ejército, pero como esta piedra de Alumbre empezó a ser codiciada por reyes, arzobispos y otros miembros del clero, quienes deseaban que sus ropajes sobresalieran notoriamente frente a los de las personas de clases inferiores y eran los únicos que podían pagar por este servicio, decidió recurrir a quien en ese entonces era en España el Arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo, para que le ayudara a ejecutar sus planes. Apoyado entonces por el Papa de la época, Alonso Carrilo aumentó la explotación de este cristal en Tolfa y, además, comenzó a buscarlo en otros terrenos a lo largo de Europa. Tras la búsqueda, descubrieron el yacimiento de Cornago en La Rioja, el cual disparó la explotación de la Jarosita entre 1462 y 1469, así como su comercialización en las grandes élites. Durante los siguientes cien años, la comercialización del mineral de Alumbre creció tanto y amplió tanto su cobertura que, debió ser transportado por mar, desde el puerto de Civitavecchia hasta los de Venecia, Génova, Marsella, Barcelona, e incluso a puertos del Mar del Norte, y comenzó a ser explotado también en Mazarrón (Murcia) y Rodalquilar (Almería).

De la Modernidad a nuestros días

De una u otra forma, las piedras de Alumbre han sido reconocidas y utilizadas en todas las etapas de la historia del ser humano, pese a los cambios que se han dado entre una y otra.

El auge de la industrialización en las sociedades modernas, trajo consigo nuevas prácticas de producción y consumo en diferentes campos. En las áreas farmacéutica y cosmética, por ejemplo, se abrió la posibilidad de elaborar productos para la higiene y cuidado personal, para combatir problemas de salud y para el embellecimiento del cuerpo, utilizando componentes sintéticos, fabricados masivamente en laboratorios, que imitaban elementos y compuestos encontrados en la naturaleza. Esto le permitía a las empresas elaborar productos con materia prima más barata, para así mismo, sacar masivamente al mercado productos novedosos y más lucrativos. Esta nueva tendencia de producción y comercialización, fue popularizando este tipo de productos a base de elementos sintéticos, que son los que hoy en día más se encuentran en el mercado.

En el caso específico del Alumbre, los cristales de este compuesto también empezaron a fabricarse de manera sintética, es decir, creando en laboratorios químicos el compuesto que comúnmente caracterizaba a las piedras de Alumbre halladas en forma natural. Para hacer un cristal de Alumbre ya no era necesario buscarlo en yacimientos o en terrenos con rocas sedimentarias que contenían cristales de este compuesto, sino que podía fabricarse al tener porciones de cada elemento que lo constituía. Esto quiere decir que el cristal de Alumbre siguió usándose y comercializándose en las sociedades modernas, pero, a pesar de que en la mayoría de los casos se empezó a producir de manera sintética, no logró tener un posicionamiento significativo en el mercado con respecto a la variedad de desodorantes, productos antisépticos, cicatrizantes y reafirmantes de la piel, que se lanzaron al mercado en esas épocas. El Alumbre entonces, pasó de ser un producto muy apetecido y codiciado, a un producto de uso poco frecuente que empezó a perder reconocimiento en las generaciones próximas, por considerarse un “cuento de abuelas”, como por ese tiempo empezaron a catalogarse los productos de origen netamente natural.

Años después de iniciarse esta nueva etapa de industrialización de los productos y las materias primas, paradójicamente, la misma ciencia empezó a descubrir que muchos de los componentes sintéticos de estos productos eran perjudiciales para la salud y para el medio ambiente.

Hoy en día, gracias a este tipo de descubrimientos que cuentan con un respaldo de investigación científica rigurosa, se está despertando una tendencia de volver al uso de productos verdaderamente naturales que sean amables con nuestro cuerpo y la naturaleza.

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